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Review This Story || Author: sman2000

El Libro del mal (spanish)

Part 1

Las cinco chicas se habían reunido para una última "fiesta de pijamas" antes del primer año de universidad. Se conocían desde siempre. Habían ido al mismo colegio, al mismo instituto, y habían crecido en el mismo barrio. Ahora tal vez eran un poco mayores para una fiesta como esa, pero pronto tomarían caminos distintos. Claro que todas habían prometido visitarse las unas a las otras, juntarse cada año, y mantener el contacto. Aún así, en unas pocas semanas todo sería distinto. Debían aprovechar. El destino pareció jugar en su favor. La familia de Heather se iba de viaje al completo. Tenían la casa disponible solo para ellas. Una elección inmejorable. Sin llegar a ser una mansión, era una casa grande con un amplio jardín dentro de las vallas. Estaba al final de la urbanización, tras la última curva. Los vecinos no molestarían ni las oirían, aunque tampoco tenían pensado cometer muchos excesos. Tal vez algunas cervezas, poco más.  En cualquier caso, la mayoría del vecindario también estaría de vacaciones. Podían explayarse tanto como quisieran.


Allí estaban, con toda la casa para ellas y seguían reuniéndose en la habitación de Heather, como siempre. Algunas estaban sentadas en el suelo, otras en un par de sillas. Tenían la comodidad que les había dado año tras año de reuniones como esta.

Heather, la anfitriona, era una de las que se sentaban en el suelo. Resultaba conveniente para las demás. Con un poco más de metro setenta, era la más alta del grupo. Su rostro era más bien redondo, agradable. Los labios rosados, con el inferior algo más grueso que el superior, mostrando casi siempre una sonrisa cálida. Las cejas eran de color castaño claro, finas y alargadas. El cabello, castaño oscuro, estaba dividido por una raya casi en medio, un poco inclinada hacia la izquierda, que caía por ambos lados de la cabeza rodeando las orejas para dejarlas a la vista, hasta casi mitad de la espalda. El mejor rasgo de aquella cara jovial y femenina era, sin lugar a dudas, los ojos. Redondos, grandes, de color azul claro.

Podría pensarse que con un rostro así ya bastaba. La naturaleza debía estar en desacuerdo, porque le había concedido el cuerpo de una auténtica diosa. Piernas largas, bien formadas sin necesidad de matarse en el gimnasio. Vientre prácticamente plano. El trasero estaba bien formado sin ser demasiado carnoso gracias a una cadera ancha. Su figura podría haber sido de reloj de arena, pero los pechos destacaban aún más. Con una talla noventaicinco, todavía firmes a pesar del tamaño. Si había alguna pega que ponerle, aunque muy pocos la llamarían así, sería su tez algo pálida.

Sin duda se trataba de la clase de jovencita a la que sentaba bien cualquier ropa. Aquel día, acorde al espíritu de la reunión, vestía de forma cómoda. Llevaba una camiseta de tirantes, de color verde muy claro, que pugnaba por mantener los pechos en su sitio. Completaba el atuendo con pantalones de pijama grises. No era desde luego su atuendo más sexy, pero destacaba su aspecto juvenil.


A la derecha, también sentada en el suelo, Alyson. Era la clase de chica que uno esperaba encontrarse en series de televisión. Del tipo "vecina de al lado", aunque más atractiva. Teñía de rubio una melena hasta los hombros, cuidadosamente peinada para parecer desaliñada. Una paradoja en sí misma, pero muy efectiva para resaltar su sex-appeal natural. El rostro tenía forma de corazón, con la barbilla estrecha y angulosa. Los labios más carnosos por el centro que por los extremos. Las cejas eran el último testigo del cabello antes marrón. Bajo ellas unos preciosos ojos verdes, pícaros y divertidos. Era otro auténtico bombón.

El cuerpo tampoco dejaba mucho que desear. Alyson se tomaba muy en serio su apariencia. Corría, lo cual se dejaba ver en unas piernas fuertes y unas nalgas firmes y redondeadas. En el vientre se marcaban un poco, solo un poco, las abdominales. Los pechos, también perfectamente redondos, estaban muy cerca de la talla noventa. Para redondear aún más el conjunto, se preocupaba de mantener la piel bronceada, un poco más clara que el color de la miel. Era un poco más bajita que Heather, con algo menos de metro setenta, aunque de complexión un tanto más robusta.

Esa aciaga noche había elegido llevar un camisón rosado, trasparente alrededor del vientre, pero de color sólido tanto en los pechos como en toda la zona de la cadera. Permitía intuir sus preciosas formas y un pequeño tatuaje con un carácter oriental justo por encima de los glúteos.


En una de las sillas se encontraba Anne. No era tan alta como sus amigas, tan solo metro sesenta, pero su figura resultaba una auténtica delicia para los ojos. Desde luego tanto sus pechos como el trasero resaltaban menos que los de Heather o Alyson, pero estaban perfectamente proporcionados. La piel era un punto intermedio entre la de sus dos amigas, con las marcas del bikini como único punto discordante.

Siempre le había gustado llevar tan solo media melena, lisa, hasta mitad del cuello. El pelo era negro con bastante volumen, e iba peinado hacia atrás para dejar a la vista el rostro. Los ojos eran de marrón tan oscuro que casi parecían negros. Los labios finos, pintados de rosa intenso. Sí, era una reunión entre amigas, pero Anne casi siempre llevaba algo de maquillaje, como la sombra de ojos oscura. Sus rasgos eran finos, delicados. Una curiosa mezcla entre niña buena y mujer seductora.

Vestía con sujetador y braguitas, ambas piezas negras, pero nada elegante o provocador. Encima llevaba una amplia camiseta, sin mangas, de color gris oscuro. Tiempo atrás había sido la camiseta con la que su hermano mayor salía a correr. Ahora, como buena hermana pequeña, la había heredado ella.


Marian no sabía muy bien si sentarse o recostarse sobre la cámara. Era la única pelirroja del grupo. Tenía el pelo de color claro, muy rizado. Caía libremente alrededor de la cara para llegar unos centímetros bajo los hombros. Necesitaba apartarse continuamente algunos mechones para poder ver. Era en ese momento cuando se veían los ojos marrones bajo una cejas casi imperceptibles. Tenía pecas en el rostro, sobretodo en el ceño, que le hacían parecer aún más joven. Tanto su mirada como la mayoría de sus expresiones eran bastante tímidas, enterrando el mito de la pelirroja fogosa.

Medía más o menos lo mismo que Alyson, pero su complexión era menos voluptuosa. No es que sus pechos fuesen pequeños o su trasero poco vistoso. Al contrario, pero era  más bien esbelta, con una figura bonita sin excesos.

Llevaba puesta una camiseta de color morado claro. También era de tirantes, aunque a diferencia de la de Heather, llegaba bastante arriba sin nada parecido a un escote. Las braguitas eran del mismo color, poco ceñidas.


La última del grupo, Hanna, era junto a Anne la más bajita. Tal vez por eso siempre elegía la otra silla. No era voluptuosa. De hecho sus pechos eran más bien pequeños. Las nalgas, aunque redondeadas, seguían la misma tónica. Por supuesto en su caso era normal. Hija de madre japonesa, había heredado muchos rasgos asiáticos. Por eso no sorprendía a nadie la anatomía de aspecto delicado o los ojos un tanto rasgados. Sin embargo solo era medio asiática, lo cual le otorgaba otros beneficios. Al principio todo el mundo quedaba embriagado con el color verde oscuro de su mirada. En realidad el rostro era, sin lugar a dudas, su mayor virtud. Mirarla a la cara era similar a lo que uno debía sentir cuando contemplaba un ángel. Ayudaba mucho a esto una sonrisa dulce, unos gestos amables, y unas facciones finas como si un escultor las hubiese trabajado durante meses. El pelo rodeaba el rostro cuidadosamente. Nadie hubiese ocultado semejante joya. Su melena parecía lisa por arriba, pero se iba rizando según se aproximaba a los hombros. Había quienes pensaban que debía pasar horas peinándose, pero no le hacía falta. De hecho había intentado alisar la melena o rizarla del todo durante años. Al final se había rendido. ¿Por qué no aprovechar un don natural?

Llevaba la parte superior de un pijama blanco, sin mangas. En lugar de pantalones se había puesto unas bragas negras con algunas rayas verticales blancas.


Las cinco estaban alrededor de un objeto, un libro con las portadas negras, sin ilustraciones ni títulos. Alyson lo había comprado por internet. Esa era su idea de introducir pequeños cambios en algo que habían hecho durante años. Durante todo ese tiempo habían probado de todo. Hablar de chicos, coger alguna borrachera, bajar películas de miedo, jugar, subir la música a tope y bailar. Para la última reunión en mucho tiempo quería algo distinto. Desde luego jamás habían probado una sesión de brujería.

-¿Se pueden comprar grimorios por internet?

Hanna era bastante escéptica con esos temas. Solo creía en las matemáticas y en cualquier ciencia derivada de estas.

-Me parece que te han timado.

Alyson, tras un trago de cerveza, negó con la cabeza exagerando teatralmente el movimiento. Se fingía ofendida.

-Nadie me ha timado, zorra del sol naciente.

Hanna le enseñó el dedo central a modo de respuesta. Mientras tanto Anne examinaba las páginas del libro.

-Es un poco extraño que, para ser un libro tan viejo, esté escrito en nuestro idioma.

-Vamos, el tipo que me lo vendió decía que es una traducción. He pagado por él menos que por las cervezas. ¿Qué más da?, será divertido.

Alyson ya lo tenía decidido. Estaba preparada para cualquier objeción.

-No sé.

Ahora era Heather, la anfitriona, quien expresaba sus dudas. Todas lo esperaban. Siempre era la más prudente. La niña buena.

-Jugar con estas cosas me da un poco de mal rollo.

Marian asintió con la cabeza. Tampoco le hacía gracia.

-Será divertido. - Repitió más enérgicamente Alyson. - Venga. Vamos a probar una vez.

Anne asintió. Tenía algo de curiosidad.

-Puede ser interesante. Nunca se sabe.

Heather seguía viéndolo como una muy mala idea.

-Esa página, esa que tienes abierta. Dice que hacen falta unas gotas de sangre.

Anne releyó el último párrafo.

-Sangre de vírgenes.

-Pues de Alyson no nos va a servir - se burló Hanna. - No creo que ninguna entidad oscura haga tanto la vista gorda.

La rubia arrojó una almohada contra su amiga. No estaba enfadada. Era cierto que había tenido más relaciones que el resto, pero no era la única en haberse estrenado. Hanna también lo había hecho ya, y Anne tenía novio desde hacía meses. Precisamente fue la morena quien retomó la conversación.

-Dice que una entidad oscura viene a concederte un favor, si lo controlas. - Había llamado la atención de todas. - Podríamos pedirle… no sé, que le de algo más de confianza a Marian.

Todas se rieron un poco. Marian se lo tomó un poco más en serio. Sabía bien que tenía problemas. Incluso tartamudeaba al hablar con gente a quien conocía poco.


Hubo unos instantes de silencio. Ninguna dijo nada. Miraron fijamente el libro. Habrían sido incapaces de explicarlo, sin embargo se sentían tentadas de intentarlo. ¿Por qué? Era un impulso oscuro, más allá del deseo de ayudar a una amiga. Como si el libro las llamase. Por supuesto guardaron esas impresiones, temerosas de compartirlas. Heather fue la primera en reaccionar.

-Mejor vamos a pedir algo de comer y ponemos una película.

Alyson hizo un gesto de resignación con la mano. Quería a Heather, pero a veces era una aguafiestas.

-Podríamos hacerlo para demostrarles que es una estupidez.

Hanna, aún escéptica, se había convencido. Era la única forma de acabar con esa chorrada

-Mirad - insistió Heather tomando el libro abierto. - Hay que hacer marcas por la casa, pintar una estrella de cinco puntas en el suelo, y manchar de sangre el centro.

Anne ya estaba también medio decidida. La curiosidad, natural o antinatural, podía con ella.

-Venga. No va a pasar nada. Tenemos toda la noche, y todo el día de mañana, para limpiar.

Alyson medio sonreía mientras miraba triunfalmente a su amiga. Ya tenía la mayoría. En cualquier democracia habría bastado. Una fiesta de pijamas distaba bastante de ser una democracia, pero Heather acabaría cediendo, lo sabía. Sobretodo quedó claro al mirar a Marian. Ella no iba a pronunciarse, mucho menos cuando habían propuesto "ayudarla", pero la pelirroja quería probar. ¿Quién en su situación no habría estado dispuesta? Además, no iba a funcionar.

-Está bien. - Dijo Heather tras un suspiro de resignación. - Pero tenéis que ayudarme a limpiar después, o mis padres nos matan a todas.


Primero llegaron unos pequeños vítores, después se pusieron manos a la obra. Imitaron los símbolos de esas páginas distanciándolos unos de otros tal como indicaban. Reunieron unas cuantas velas y pintaron la estrella con carmín de labios rojo. Heather trajo un cuchillo bastante afilado para hacer un par de cortes. Uno en el pulgar de Marian. Nada serio, lo justo para dejar caer un par de gotas en el centro de la estrella. Otro en el suyo propio. Se escucharon algunas risas burlonas, sobretodo por parte de Alyson. Todas sospechaban que Heather aún no había tenido ningún encuentro sexual, pero era un tema del que ella no hablaba, así que jamás lo habían confirmado hasta el momento.

Después fueron cada una a un extremo de la estrella. La habitación era grande, así que habían intentado ocupar la mayor parte del suelo. Cada una estaba separada casi dos metros de la chica a su izquierda y a su derecha.

-Ahora me siento algo ridícula

Hanna veía todo cada vez más absurdo. Ahora no iba a rajarse, pero le parecía cómico. Heather la secundó.

-Es que es una estupidez. Pero vamos a acabar rápido para recoger esto.

Seguía sin sentirse segura con todo el asunto. Hacerlo rápido era la mejor solución. Acabar para que dejasen de insistir.

Habían hecho unas pequeñas notas. Cada una debía recitar una parte distinta, por orden. Empezaron a elevar sus vocecillas. Aunque no se dieron cuenta, se hizo el silencio más absoluto alrededor. Tan solo los cánticos eran audibles. Tampoco se fijaron en la intensidad de la llama aumentando o en la luz atenuándose fuera del alcance de las velas. Solo se dieron cuenta cuando apareció la criatura. No fue como en las películas. Ningún efecto de luz. Nada de fuego o de olor a azufre. Sin sonidos sordos o rayos en el horizonte. Simplemente apareció. En un instante no había nadie y al instante siguiente se encontraba justo en el centro de la estrella.

Se quedaron allí, calladas, con los ojos centrados en la bestia. Un ser de casi dos metros y medio de altura. Un poco más y no podría haberse plantado en pie sin romper el techo. Su piel era de color rojo muy oscuro. Los ojos, sin párpados, cejas, o pestañas, completamente negros. Tenía la mandíbula de un animal. Los dientes, todos con forma de colmillo, sobresalían de la boca. Era calvo. Aunque se intuía su constitución extremadamente musculosa, no podían verla. La bestia tenía un par de alas membranosas que llevaba cerradas, entrecruzadas por delante, como si llevase una capa o una gabardina. A la espalda, aunque solo Hannah podía verla, tenía una larga cola que caía hasta el suelo desde la cadera para volver a subir casi hasta los hombros. Estaba acabada en una especie de pincho.

La voz, un simple susurro inaudible a más de diez metros, resonó grave, con mucha potencia, en los oídos de las chicas.

-¿Cuál es el trato?


Ahora se miraron las unas a las otras. Anne se tapaba la boca con la mano derecha para no gritar. Marian trataba de apartar la vista mirando hacia un lado y al suelo. Hanna miraba entre sorprendida y asustada, boquiabierta, mientras le temblaban las piernas. Heather negaba con la cabeza a la vez que intentaba estirar la mano en un intento absurdo por llegar al cuchillo, aunque no se atrevía a andar. Alyson estaba tan asustada como las demás, pero fue la única que reunió valor para hablar.

-¿Qué trato?

El ser respondió sin apenas gesticular.

-Habéis invocado un demonio, pero no habéis realizado ningún conjuro para controlarme o encerrarme. Debéis querer algo de mí. ¿Qué tenéis para ofrecer?

Alyson no sabía qué responder. Habían leído cómo hacer el ritual, nada más. Ni control ni tratos. Esto no debía funcionar. Heather, con un gran esfuerzo, tomó el relevo.

-¿qué…? - le costaba hablar - ¿qué te interesa?

El demonio sonrió mostrando las largas hileras de colmillos bien afilados.

-Un cuerpo para permanecer en vuestro mundo, unos pocos recién nacidos, la sangre de cien inocentes. Elegid. Tentadme.

-Nosotras no… no tenemos nada de eso. - Heather quería creer que podría hacer algo. - Esto no tenía que funcionar, ¿vale? Hemos leído un libro estúpido, solo eso. No queremos nada de ti. Si puedes… irte, no volveremos a usar el libro. Es justo, ¿no?

El demonio soltó unas cuantas carcajadas de nuevo solo audibles para ellas. Marian se asustó tanto que comenzó a mearse encima. Las piernas de Hanna cedieron haciéndola caer de bruces. Anne caminaba lentamente hacia la puerta tratando de no llamar la atención. Alyson y Heather, justo frente a la bestia, no se atrevían ni a pestañear.

-Sois las putas más tontas que he visto en décadas. Tantos siglos en este mundo y me seguís asombrando. Ahora tenéis vuestros avances, vuestra "sociedad de la información" - su tono era claramente una mofa. - Vuestros foros, chats, redes sociales. Con todo el conocimiento a vuestro alcance, seguís siendo tan estúpidas como cuando vivíais en cavernas.

En otro momento les habría llamado la atención escuchar un demonio, un ser de la antigüedad, hablando de los lujos tecnológicos.

-Esto no funciona así. Es mucho más divertido. Los demonios estamos obligados a cumplir nuestros tratos. Si no hay trato, tenéis que pagar el precio.

Extendió las alas bruscamente al pronunciar las últimas palabras


La bestia no pretendía volar. Tan solo quería quitar el obstáculo que sus propias alas le suponían. En el vientre tenía al menos una docena de tentáculos que salieron disparados por doquier. Debajo, su miembro viril se extendía casi treinta centímetros, y aún estaba flácido. Resultaba más amenazador que sus dos enormes brazos acabados en garras tan afiladas como dagas.


El pánico se extendió descontroladamente por la habitación. Heather, entre gritos, trató de llegar hasta la mesilla donde estaba el cuchillo. No vio al demonio corriendo a velocidad impensable  para un ser de su tamaño, ni el golpe con el dorso de la mano que la arrojó contra la pared de frente. La joven cayó deslizándose hasta quedar de rodillas, aturdida, con el antebrazo entre la frente y el muro.


Marian se arrastraba, aún de bruces en el suelo, hacia la ventana a su espalda. Temblando de terror, consiguió levantarse. Casi empezó a correr. Entonces miró hacia atrás. Dudó. No podía dejar a sus amigas allí. Busco algo, cualquier cosa, mirando de un lado a otro. En ese momento uno de los tentáculos la impactó en el vientre con fuerza, suficiente para hacerle escupir algo de sangre. No la había tumbado de milagro. El tentáculo se metió bajo su camisa para recorrer rápidamente el camino hacia arriba. Durante el recorrido rasgó la frágil prenda arrancándola casi de cuajo, exhibiendo así los modestos pero hermosos pechos, del tamaño justo para alguien como ella, con pezones entre rosado y rojizo.

Ella intentó sin ningún éxito quitárselo de encima a manotazos. Al final el apéndice subió más hasta enrollarse fuertemente en su cuello cortando casi toda la respiración. Marian lo agarró con ambas manos, intentando tirar hacia fuera, pero fue incapaz de hacer nada mientras la levantaba del suelo, momento en que comenzó a patalear alocadamente. Un segundo tentáculo atacó directamente la vagina, penetrándola con braguitas incluidas. Habría sangrado incluso de no ser virgen. Gesticuló para gritar, sin embargo tan solo se escuchó un gemido ahogado, lo único para lo que tenía algo de aire. Así que no fue capaz de defenderse mientras el apéndice la violaba salvajemente.


Al ver la escena, Alyson no lo dudó. Podía disfrutar metiéndose con sus amigas, provocándolas o haciendo bromas a su costa. A la hora de la verdad era muy protectora con ellas, como si fuese una hermana mayor. Agarró la silla más cercana para a continuación golpear al demonio. La bestia ni se inmutó, no obstante encontraba aquello especialmente molesto. Lanzó un tentáculo a cada pierna y otro a cada brazo. Aunque la chica forcejeaba, no era rival para la fuerza de un monstruo. Pronto estaba suspendida en el aire formando una equis con las cuatro extremidades.

El demonio se acercó a ella. Con la garra del dedo índice fue cortando el camisón, de arriba abajo. Se controló, quería mantenerla más o menos intacta por el momento. Eso no impidió algunos arañazos en el vientre, dejando finos hilillos de sangre. Con la fina prenda cortada, la tela se deslizó a ambos lados del cuerpo, quedando colgada tan solo gracias a los tirantes que, instantes después, fueron seccionados del mismo modo.

Alyson estaba totalmente desnuda, suspendida casi en horizontal. Los pechos, demasiado firmes para aplastarse completamente por la gravedad, coronados por dos pequeños pezones de color marrón claro, caían a ambos lados. Gritaba y lloraba mientras no dejaba de intentar soltarse. Su sexo completamente depilado quedaba al aire, expuesto a la vista de su agresor.

El demonio destinó dos tentáculos más a la rubia. El primero la penetró analmente, sin preámbulos. La joven abrió la boca tanto como la mandíbula le permitía. Boqueaba como un pez fuera del agua. El segundo tentáculo llegó a la altura de las tetas. En lugar de usarlas para masturbarse, comenzó a dar fuertes latigazos, arrancando nuevos gritos.


Mientras Heather había intentado atacar al demonio, Anne no había encontrado un ápice de valor en su interior. Tenía que salir de allí. Jamás podría volver a mirarse al espejo por dejar a las demás atrás, pero ¿qué otra cosa podía hacer? En cuanto pudo se levantó. Corrió hacia la puerta. Estaba cerrada. ¿Por qué la habían cerrado si no había nadie más en casa de Heather? Era una costumbre, una de esas cosas que hasta hace escasos minutos le parecían de vital importancia. Ahora se le antojaban estúpidas. La abrió rápidamente. Justo antes de salir por la puerta vio fugazmente a Heahter. Su amiga se recuperaba. Cruzaron las miradas tan solo un instante. Anne fue incapaz de sostenerla más tiempo. Cuando se vio libre de obstáculos salió corriendo sin ver el tentáculo seguirla. Se enrolló al pie antes de dejarla avanzar dos metros. Anne cayó de boca al suelo. Ya estaba siendo arrastrada hacia atrás cuando fue consciente de cuanto estaba ocurriendo. El demonio tiró de ella hasta dejarla tumbada junto a él.

-¡No!, a mi no, ¡a mí no!

Contra todo pronóstico, el demonio sintió curiosidad por la súplica. Le encantaban esas pequeñas muestras de egoísmo. La dejó hablar.

-¡Un cuerpo!, dices que quieres un cuerpo. Toma el de una de ellas. Es lo que quieres, ¿no? Luego nos dejas ir a las demás.

La traición resultaba aún mejor para todo demonio. ¿Qué mejor muestra de vileza? Allí estaba una jovencita intentando vender a sus amigas para salvar el pellejo.

-¿Te parezco una hembra?

Anne se apresuró a negar con la cabeza. El demonio arrancó entonces primero la camisa y luego la ropa interior.  Sin duda una visión agradable. Cadera y senos perfectamente proporcionados. Tenía un pequeño triángulo de vello púbico que ayudaba más bien poco a ocultar el sexo. Claro que pronto había poco que cubrir. Tal como la tenía, boca abajo contra el suelo, un segundo tentáculo la penetró tan salvajemente como a sus amigas. Anne apretó dientes y párpados mientras todo el cuerpo se sacudía por el bombeo de su violador, por los golpes de la pérfida extremidad contra las sensibles paredes de su vagina. Gimió de dolor, dejó que las lágrimas arruinasen la sombra de ojos. No protestó ni intentó defenderse. Pensó que cuando el demonio acabase la dejaría en paz.


Durante todo ese tiempo Hanna había tenido ocasiones para reaccionar. ¿Reaccionar cómo? A diferencia de Marian, no tenía ninguna ventana cerca. La puerta era una opción incluso peor porque el monstruo estaba justo en mitad del camino. Pensó en agarrar algún objeto del que valerse en el ataque. Alyson, más robusta, ni siquiera había causado un rasguño. Heather había tenido aún menos suerte sin poder llegar al menos a acercarse. Las aproximaciones directas estaban fuera de discusión. De hecho se preguntaba si un arma convencional podría dañar a semejante aberración. Fue cuando pensó en algo. El mismo demonio había mencionado conjuros para controlarle o encerrarle. Si los hechizos de invocación contenidos en el grimorio funcionaban, también debía contener esos otros.

A regañadientes, recriminándose a sí misma, ignoro los sucesos de los alrededores. Se movió en silencio hasta el escritorio de la habitación. Allí estaba el libro junto a los móviles. Pasó rápidamente la vista de cada uno al siguiente. Todos sin cobertura. Hannah era una joven inteligente, curiosa. De tener menos prisa se habría preguntado si la presencia del demonio alteraba en modo alguno los campos magnéticos y eléctricos de los alrededores. Habría pensado sobre la posibilidad de una adaptación a los nuevos tiempos por parte de la bestia. ¿Acaso no había mencionado las virtudes de internet? Habrían sido valoraciones interesantes. Carecía del tiempo o la calma necesarias. Pasó inmediatamente al libro. Rebuscó apresuradamente. Páginas hacia delante, páginas hacia atrás. Un índice habría resultado demasiado bonito para ser cierto.

Finalmente creyó dar con algo. Aprovechó el pintalabios de la mesa para dibujar rápidamente un pentáculo. Susurró los primeros versos del conjuro. Tras la tercera o cuarta frase uno de los tentáculos se enredó en su pie izquierdo como lo había hecho en el de Anne hacía tan solo unos instantes. Hannah trató de agarrarse a la mesa volcándola en el intento. A pesar de perderle la pista al libro siguió tratando de liberarse. Llegó a clavar las uñas en el suelo consiguiendo únicamente romperlas a la vez que rasgaba sus propios dedos.

El demonio poseía facultades innaturales. Justo ese tipo de facultades eran necesarias para hacerle frente. Ninguna de las jóvenes las tenía.

Hannah notó el tentáculo tirando hacia arriba. Cuando quiso comprender la situación ya estaba de cabeza en el aire. Solo la sujetaba de un pie. La otra pierna caía hacia un lado en un ángulo cercano a los noventa grados.

-Buen intento, zorra.

Esas palabras confirmaron la teoría de Hannah. Finalmente había encontrado una llave capaz de salvarlas. Ya no tenía el libro a mano, pero el demonio no contaba con algo. La joven sería débil incluso comparada con otras chicas de su edad. A cambio era lista. A pesar de la situación había memorizado cada palabra del conjuro. No le importó que otro tentáculo la desnudase con la misma brutalidad que a sus amigas. Tampoco le molestó ver la melena cayendo al suelo. Simplemente siguió recitando. Una vez terminase podría llorar o acurrucarse en una esquina.

-Deja de decir guarradas.

El tentáculo que acababa de desnudarla se introdujo con fuerza en la boca de Hannah, abriéndose un hueco a través de sus preciosos labios , profanándolos. Casi le partió el cuello al echarla hacia atrás. Hannah agarró el apéndice con ambas manos intentando sacarlo. Mordió hasta hacerse daño en la mandíbula. Nada sirvió. Su cabeza seguía moviéndose de atrás a delante con cada nueva embestida. Los pechos, dos pequeños montículos acabados en areolas y pezones de color caramelo, caían en dirección a la mandíbula, sin llegar muy lejos. Aún así resultaba hipnótico verlos agitarse. Al final se había convertido en una estudiante medio japonesa siendo violada por tentáculos. Solo la diferenciaba que, al igual que sus compañeras, era mayor de edad. De todos modos tampoco habría sabido verle la gracia.


Heather consiguió reincorporarse. Había visto fugazmente a Anne intentando escapar. Todo lo demás se reducía a ruidos y gritos. Tras levantarse, aún un poco mareada, giró para dejar la espalda apoyada en la pared. El espectáculo le revolvió el estómago.

Marian apenas apoyaba la punta de los pies en el suelo mientras el tentáculo seguía apretando cada vez más el cuello. Al mismo tiempo el segundo seguía violándola despiadadamente. Ya no quedaba nada de virgen en su sexo. El rostro de la joven comenzaba a enrojecerse mientras la lengua asomaba tímidamente entre los labios.

Al lado, Hannah había intentado sacar de su boca el miembro invasor utilizando ambas manos. Tras fracasar, ahora colgaban libremente. El demonio la había levantado un poco, así que solo rozaba el suelo con la punta de los dedos. Las lágrimas caían entremezclándose con la melena. La cabeza se agitaba tan fuertemente que estaba un poco mareada, eso sin contar las ganas de vomitar.

Anne seguía sin defenderse. Permanecía en el suelo apretando las manos en un infructuoso intento de soportar el dolor. Era la más afortunada. Aunque estaba siendo violada, el segundo tentáculo solo la mantenía atrapada en el suelo. Medida totalmente innecesaria, no iba a enfrentarse a semejante fuerza de la naturaleza. Emitía gemidos lastimeros a cada nueva penetración. Incluso dichos gemidos trataba de contenerlos, como si temiese hacer enfadar al monstruo.

Alyson ya se había quedado afónica de gritar. El ano aún no se había acostumbrado al tamaño del tentáculo invasor que parecía empeñado en llegar al menos hasta el estómago. Por si eso fuese poco, los latigazos seguían destrozándola. Tenía los pechos, los hermosos pechos, llenos de arañazos y cortes. El abdomen, el interior de los muslos, los brazos. Todo había corrido la misma suerte. La piel bronceada estaba salpicada con su propia sangre aquí y allá. El demonio la había mantenido en un estado de constante dolor. Como buen torturador, sabía mantener el punto exacto en el que la agonía resultaba insoportable, pero la víctima aún no perdía el sentido. Alyson, una chica valiente, fuerte, había resistido tanto como pudo. Los músculos de sus extremidades se habían tensado mientras ella intentaba encontrar cualquier oportunidad de liberar al menos uno de los brazos o una de las piernas. El cuerpo joven y firme estaba también cubierto de sudor. El tiempo de resistir, sin embargo, ya había pasado. Entre gritos de agonía se escuchaba alguna súplica.


Ese era el panorama para Heather. Momentos atrás había sido la única voz de la razón. La única que optaba por ser sensatas.

El demonio la miró fijamente. Seguía torturando a sus amigas mientras la miraba a ella cargado de lujuria. Temblorosa, caminó hasta el cuchillo, sin dejar de mirar a la bestia. Necesito un par de tientos con las manos antes de agarrarlo y levantarla apuntando hacia delante, como si lo quisiera de escudo entre ambos. Un escudo insignificante.

-Desnúdate.

Heather escuchó la voz. No reaccionó. A parte de ser demasiado tímida, estaba viendo a sus mejores amigas violadas brutalmente. Desde luego había pocos incentivos para obedecer. Con los ojos llorosos, las manos temblando, levantó aún más el cuchillo.

-Suéltalas. - La voz también temblaba. - Por favor. ¿No es suficiente?

Amenazó con un par de punzadas al aire. Visto desde fuera era claramente ridículo.

El demonio llevó a Alyson, sin soltarla, justo en medio de ambos. Quería que la viese bien. Tan bruscamente como había entrado, sacó el tentáculo del ano. La rubia gimió de dolor al notar su orificio vaciarse de golpe. Al mismo tiempo cesaron los latigazos.

Por un momento Heather pensó haber conseguido algo. Agarró aún más fuerte el cuchillo, tal vez consiguiese disuadirlo del todo. Quizás el monstruo solo se mostrase tan fuerte cuando no había ninguna amenaza seria.

El demonio siguió actuando. Uno de los dos tentáculos se enrolló al abdomen de Alyson, justo por encima de la cadera. El otro se enrolló a la altura del pecho, pasando por las dos axilas. Al principio nada parecía estar ocurriendo. Pronto Alyson comenzó a gritar de dolor. Las abdominales se tensaron. La joven renovó fuerzas para tirar con brazos y piernas. Fue inútil.

-¡Para!, ¡¿qué haces?!

Heather no recibió una respuesta con palabras. Solo escuchó los gritos de Alyson elevarse un par de tonos. Desde allí todo ocurrió muy rápido. Los dos tentáculos tiraron en direcciones opuestas. La piel de la rubia comenzó a desgarrarse un poco por encima de la altura del estómago. Sonaba como un trozo de tela rasgándose. Después crujieron algunos huesos. Finalmente la espina dorsal se partió en dos. Ya sin resistencia, un grupo de tentáculos separó el torso de las piernas. Vísceras y sangre cayeron al suelo bajo la joven. Después los tentáculos arrojaron cada mitad hacia paredes opuestas. Las piernas tenían espasmos. Daban la impresión de estar dando algunas pataditas. La parte superior golpeó contra la pared antes de caer al suelo boca arriba. En sus últimos momentos, Alyson palpó tratando de encontrar el sitio donde debía tener la parte baja del abdomen. Allí ya no había nada.

-¡Oh Dios!, ¡Oh Dios!,Oh…

Los ojos quedaron abiertos, congelados e inertes.

Heather e incluso Anne habían gritado, horrorizadas, sin parar. Sus suplicas habían caído en oidos sordos. Heather dejó caer el cuchillo. El demonio, mientras tanto, movilizó los tentáculos que habían quedado libres. Dos fueron hacia Hannah, penetrándola tanto anal como vaginalmente. La joven asiática gritó a través del tentáculo en su boca.

Marian, cuyos pies ya no tocaban el suelo, recibió la tercera extremidad directamente en el culo. Debió percibir el dolor porque se retorció cuanto pudo, pero seguía más concentrada en la alarmante falta de oxígeno.

Los tres restantes atacaron a Anne. Como Hannah, acabó penetrada en todos los orificios, obligada al sexo oral y anal por primera vez en su vida. Eso habían sido solo dos de los tres. El tercero entró también en la vagina. Entre ambos ocupaban demasiado. De no haber estado boca abajo, se habría visto un bulto en el vientre, avanzando y retrocediendo sin piedad.

-Desnúdate.


Heather, histérica, en mitad de un ataque de pánico, comprendió. No tenía tiempo siquiera para llorar la espeluznante muerte de su amiga. El demonio daba una instrucción. Ni advertencias ni amenazas. Cada negativa significaba presenciar algo horrible. Solo podía hacer algo. Obedecer.

Con las manos temblorosas comenzó a quitarse la camisa. Cuando llegaba a la altura de los pechos se detuvo. Apunto estuvo de dejarla caer. Cerró los ojos para proseguir con su labor. Los pechos quedaron libres en todo su esplendor. Dos perfectos montículos de carne, piel blanquecina, pezones de areolas redondas, rosadas. El cuerpo de una diosa.

-¿Por qué no te marchas?

Preguntó entre lloros mientras se cubría con ambas manos.

-Ya estás aquí. Puedes ir donde quieras.

El demonio señalo los pantalones con la mano izquierda. La joven lloró un poco más. Giró el rostro para evitar el contacto visual con aquella criatura. Lentamente deslizó las manos hasta la goma de sus pantalones, volviendo a revelar sus magníficas tetas. Bajó la última prenda. No fue sensual como un striptease. No se puso a bailar ni intentó excitar a nadie. Tan solo se bajó los pantalones torpemente. Al ser un pijama, no llevaba bragas. Pronto dejó a la vista su sexo cubierto por una pequeña mata de pelo rizado. Tan solo depilaba cuanto podía asomar de un bikini, un poco más para evitar posibles descuidos.

Intentó agacharse para cubrir mejor los pechos y la vagina. El demonio se apresuró a agarrarla por la melena con la mano derecha, forzándola a ponerse en pie.

-¿Por qué no me voy? No puedo abandonar las marcas que habéis dibujado en la casa. ¿Para qué iba a necesitar un cuerpo si no?

La bestia rió mostrando las fauces. Pasado un tiempo volvería a su mundo. Debía aprovechar el tiempo.


Acercó la cabeza a la chica. Sacó la lengua, larga, asquerosa, y maloliente. Comenzó a lamerla sin ternura alguna, empezando por el estómago, el ombligo, y llegando hasta los pechos. Allí se detuve un buen rato.

Heather lloraba y negaba con la cabeza. Miraba en todas direcciones menos hacia el monstruo.

Alrededor, Marian ya no tocaba el suelo con los pies. La saliva caía libremente de su boca abierta. Pataleaba con fuerza. Aunque los tentáculos seguían violándola, ella ya les daba poca importancia. Apenas los sentía. Llevaba demasiado tiempo sin introducir oxígeno en el cuerpo. Sufría espasmos por todo el cuerpo. Uno de los brazos aún intentaba quitar el tentáculo del cuello. El otro se estiraba hacia delante como si intentase agarrar algo.

Hannah estaba cerca de la pelirroja. No se le escapaba que su amiga iba a morir estrangulada. Aunque seguía colgada por el pie, se encontraba a menos de un paso de Marian. Estiró la mano derecha tanto como pudo. Le costó mucho esfuerzo, mucha tensión en el hombro y el abdomen. Era como intentar hacer abdominales. A pesar de todo consiguió estrechar el brazo de su amiga. Fue poco tiempo. Pudo sentir la vida escaparse de Marian. Notó las uñas clavándose en su propio antebrazo. Lloró e intentó tirar de su amiga. Al final solo pudo sostenerle la mano hasta el último momento.

Los tentáculos siguieron violándolas sin contemplaciones. El que estaba aferrado al cuello de Marian siguió ejerciendo más presión de forma progresiva. Los huesos llegaron a ceder por la fuerza, aplastándose entre crujidos. La cabeza comenzó a moverse de forma grotesca al no tener sus puntos de apoyo naturales.


El demonio forzó a Heather a darse la vuelta, quedando de espaldas a la bestia. Además, también tenía el espejo de su habitación justo delante. Si miraba podía verse a sí misma desnuda. El demonio la levantó por el pelo. Ella gritó de dolor. Para aliviarlo solo pudo aferrarse con ambas manos al brazo de la bestia, intentando mitigar la presión. Los pechos se levantaron un poco más, dando un espectáculo aún mejor. Cualquier hombre habría tenido una erección al verla. El demonio no era distinto, excepto que su erección equivalía a medio brazo. Utilizó la mano libre para agarrar a Heather por el torso, así le fue más sencillo dirigirla. Ella pataleaba. Intentó cubrirse con las piernas, encontrar un punto de apoyo. Al forcejear sus senos se balanceaban más. Cuando abría las piernas, ocasionalmente, podían verse los labios vaginales, prietos, inexplorados hasta el momento.

El demonio colocó el glande a la entrada del sexo de su víctima. Después solo necesitó dejarla descender. La gravedad se encargó del resto.

Heather sintió el dolor más grande de su vida. Miró al espejo para ver el miembro de su violador hundido en ella. De un solo golpe había roto el himen y desgarrado parte de las paredes vaginales. Al principio no gritó. Se quedo mirándose a sí misma, horrorizada, viendo el enorme miembro entrar y salir, cada vez con más sangre. Vio su precioso rostro torciéndose por el dolor. Las lágrimas, la boca abrirse cuanto pudo para gritar. Contempló todo eso antes de escuchar un grito desgarrador. El suyo propio.


Anne creía ser incapaz de aguantar más dolor. No quería ni pensar el estado de su vagina y útero al ser penetrado por dos tentáculos a la vez. Sabía que debía ser malo.

También gritaba a través del apéndice que violaba su boca. Ya no sabía cuanto tiempo llevaba así. Por su limitada experiencia sexual, al principio había pensado que sería breve, que los tentáculos seguirían en ella hasta correrse. Ahora estaba menos segura. ¿A caso iban a correrse?, ¿por qué?, ¿por qué no lo habían hecho ya? La verdad se escapaba a sus conocimientos. Aquella bestia sentía tanto placer haciendo daño como fornicando. Los tentáculos no eran órganos sexuales, eran simples armas naturales. La bestia se habría saciado con el simple hecho de golpearlas hasta reducirlas a una pulpa informe de sangre, vísceras, y huesos. Sin embargo quería algo más, quería hacerlas sufrir. Sabía que las mujeres sentían más angustia siendo violadas. El sufrimiento aumentaba cuanto más asco, repulsión, o desprecio, les causaba su agresor. Por eso Anne, al igual que el resto, se estaba llevando el paquete completo. Violada por aquellos apéndices, sufriendo el dolor de una doble penetración, asustada tras ver el grotesco espectáculo de la muerte de Alyson. Su única esperanza había sido que el demonio acabase rápido, pero ahora esa esperanza se desvanecía. Aún sin conocer los motivos, comprendió que duraría mientras resultase divertido para su agresor.


Heather continuaba gritando mientras no dejaba de llorar. Su vagina no acababa de adaptarse al tamaño desmedido de aquel maldito falo. Cada penetración dolía al menos tanto como la anterior. Además, el ritmo salvaje con el que la estaba violando no ayudaba. Con una sola mano la obligaba a subir y bajar, como si se estuviese masturbando con ella. Sus pechos se agitaban violentamente. Subían con fuerza para después bajar cual peso muerto y volver a rebotar hacia arriba. De no haber estado sintiendo como su sexo se estaba desgarrando, habría resultado una sensación muy desagradable.

Al principio había seguido mirando al espejo. Había visto la sangre derramándose cada vez que parte del miembro salía de ella. Las piernas agitándose en busca de alguna posición en la que pudiese acomodar mejor el pene invasor. Suficiente para quebrar la cordura de cualquiera. Por eso ahora se tapaba la cara con ambas manos, como si creyese que al no verlo resultaría más fácil.


Ninguna de ellas sabía que el tiempo de su agresor se iba agotando. En el fondo él habría preferido algún tipo de pacto que le permitiese quedarse allí un poco más. Tenía muchas ideas en la cabeza sobre cómo divertirse aún más. Quizás su suerte mejorase la próxima vez. Lo cual le recordó que debía garantizar una próxima vez.


Anne notó los tentáculos salir de su cuerpo. Ano, vagina, boca, todo quedó vacío en un instante. La sensación le resulto extraña, dolorosa cuando las extremidades salieron. En esos momentos de conmoción, dos tentáculos la agarraron por los brazos. Sin ningún tipo de delicadeza la arrastró por la habitación. Anne no supo demasiado claramente donde iba hasta que se encontró frente al maldito libro. Lloraba tanto que tardó unos instantes en identificarlo.

-Abre la última página.

La voz del demonio la sobresaltó tanto que al principio no notó que le había soltado ambos brazos, sujetándola solo por el pie.

-No voy a repetirlo.

Anne recordó lo ocurrido tras la última orden, cuando Heather protestó en lugar de desnudarse. No quería acabar igual que su amiga rubia. Se apresuró a pasar páginas, torpemente, hasta llegar a la última. Allí había otro conjuro, uno que solo requería leer ciertas palabras en voz alta. Leer un conjuro les había llevado a esa situación, a ese momento. Era más que reticente a probar de nuevo. Entonces vio por primera vez la cola del Demonio. La pasó por delante de sus ojos, muy lentamente, mostrándole el pincho que la coronaba. Después la perdió de vista. No supo donde estaba hasta sentirlo apretando un poco, lo justo para hacer un poco de sangre. Aquello acalló cualquier conflicto mental. Anne recito el conjuro sin entender una sola palabra de cuanto estaba diciendo. No estaban en su idioma, tan solo escritas para repetirlas fonéticamente. Cuando acabó, el libro brilló con una luz rojiza para desaparecer unos segundos más tarde.

Ni siquiera el Demonio sabía donde habría ido. Una librería, una biblioteca, la estantería de alguna universidad. Daba igual.

Anne tuvo poco tiempo para plantearse aquella pregunta o cualquier otra. El pincho se hundió de golpe. El cuerpo de la joven comenzó a agitarse sin control mientras su asesino retorcía el arma. A todos los efectos ya estaba muerta, pero su cuerpo tardó un poco más en enterarse.


Heather carecía de experiencia para saber que, normalmente, los hombres aceleraban el ritmo antes de eyacular. Tampoco es que ella notase la diferencia, pero era justo lo que estaba ocurriendo. No se dio cuenta hasta que el dolor se acrecentó. Retiró las manos del rostro para ver que estaba ocurriendo. La eyaculación hizo que se hinchara como en los primeros pasos de un embarazo. Ella cerró los puños tratando de soportar el dolor.

Cuando acabó, el demonio levantó un poco más Heather para sacarle su miembro. El semen cayó mezclado con la sangre de la joven. Se escurrió por sus muslos manchándole casi todo el interior de las piernas. La soltó. Su miembro estaba a punto de volver a sufrir una erección y pensaba volver a emplearla en Heather, pero ella no estaba en condiciones de escapar.

La chica cayó de rodillas en el suelo. No estaba tan conmocionado como para quedarse allí esperando, pero tampoco reunió fuerzas para levantarse. Lo intentó. Las piernas no le sostenían. Volvió a quedar de rodillas en el suelo, sobre su propia sangre. Comenzó a gatear sin ninguna dirección en mente.


-No sé vosotras, pero yo tengo hambre. Volveré pronto a mi mundo. Allí la comida es poco variada. Así que, si no os importa, llenaré el estómago por aquí.


Heather se quedó helada al escucharlo. Dio la vuelta quedando sentada en el suelo, mirando al Demonio. Este no fue a por ella. Movió a Hannah hasta volver a ponerla entre ambos. Aún estaba de cabeza, pero le dio la vuelta usando todos los tentáculos libres que ahora tenía. Soltó el pie para sujetarla únicamente por los brazos. Fue retirando las demás extremidades dejando para el final el tentáculo de la boca. No lo había introducido solo por puro placer. Debía callarla. Hasta ese momento.

Hannah trató de hablar en cuanto el apéndice salió de su boca. Al principio le costó vocalizar, casi se había desencajado la mandíbula y estaba un tanto mareada por permanecer de cabeza hacia el suelo. Tras unos sonidos sin sentido, mientras el Demonio la acercaba a sus fauces, finalizó el conjuro anterior. No ocurrió nada.

-Vas a tener que empezar desde el principio. Lástima que no tengas tiempo.

Heather consiguió levantarse para caer de rodillas una vez más. Alzó la mano hacia su amiga. Suplicó por ella. Eso gustaba aún más al demonio.

Hannah era inteligente. Brillante. Comenzó a recitar el conjuro desde el principio, lo había memorizado. Hablaba tan rápido que costaba entenderla. Entre lloros, tratando de mantener la calma. Era su última oportunidad.

Al escucharla, el demonio también decidió perder menos tiempo. Apartó la cabeza hacia un lado y mordió directamente el cuello. Arrancó un trozo de carne y se echó atrás para masticarlo. Salpicó sangre como si se tratase de una fuente.

Heather gritó con todas sus fuerzas. Fue lo único que pudo hacer mientras contemplaba al monstruo devorar a su amiga que, al principio, estaba viva. Al final no quedaba nada de Hannah.


El demonio volvió a centrar su atención en la única superviviente del grupo. Ya estaba completamente erecto de nuevo. La chica trataba de alejarse de él nuevamente, pero no podía correr más que sus tentáculos. La agarró de las cuatro extremidades, como había hecho con Alyson antes. Volvió a darle la vuelta para dejarla mirando al espejo. La descendió lentamente sobre el glande, pero esta vez lo dirigió al ano.

Heather negó con la cabeza mientras gritaba. De nada le sirvió. El miembro la penetró con más rudeza que antes. Cuando ya estaba sodomizándola, le soltó brazos y piernas. La sujetó por los costados con sus propias manos. Haciéndola subir y bajar.

Ella intentó soltarse. Pataleó, buscó algo para golpear… El cuerpo volvía a agitarse, los pechos volvían a balancearse salvajemente. Tras unos instantes vio la cola, ya manchada con la sangre de Anne, acercarse a su vagina.

Intentó protegerse. Le dio patadas con las piernas. Cuando eso falló las flexionó tratando de cubrir la entrada a su sexo. El demonio sabía que no aguantaría así indefinidamente, pero no le gustaba esperar. Utilizó dos tentáculos para volver a abrirlas, solo temporalmente.

Heather, al tener las piernas inutilizadas, agarró la cola con las dos manos justo cuando estaba a punto de entrar en ella. Consiguió retenerla unos segundos, pero no tenía bastante fuerza. Al principio el nuevo dolor fue tolerable, después el pincho se clavó en el útero, y desde allí siguió ascendiendo. La joven gritó con todas sus fuerzas hasta que sus sonidos ya ni siquiera parecían humanos. En el espejo podía ver el bulto de la cola ascendiendo lentamente por su interior. Debió romper algo dentro, porque empezó a sangrar más intensamente. El dolor no se parecía a nada que hubiese imaginado antes. Incluso había olvidado que estaban sodomizándola.

El demonio le agarró el pelo obligándola a mirar hacia arriba. Pocos segundos después Heather comenzó a escupir sangre, a ahogarse con ella. Finalmente la cola asomó desde la boca tras expulsar esta sangre y algunas vísceras.

La bestia sacó rápidamente la cola del cuerpo de Heather. La dejó caer antes de eyacular sobre ella.


En la cercanía se escuchaban sirenas de policía. Algún vecino debía haber escuchado los gritos. Poco importaba, el demonio ya estaba desvaneciéndose. Casi lamentó no quedarse para escuchar las explicaciones que trataban darle a todo lo ocurrido. La gente ya no creía en demonios. Esa era su mejor protección.


Review This Story || Author: sman2000
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